MONITORIZACION HEMODINAMICA
DIPLOMADO DE AEROMEDICINA
Y TRANSPORTE DE CUIDADOS CRÍTICOS
V GENERACIÓN
Monitorizaciòn Hemodinamica
POR: TSUP. Eduardo Contreras Sánchez
PROFESOR: Lic. Jaime J Charfen,
MARZO, 2019
Resumen
La monitorización hemodinámica nos permite obtener información sobre el funcionalismo cardiovascular del paciente crítico, por lo que constituye una pieza fundamental en
la aproximación diagnóstica y en la guía terapéutica del paciente con hipoperfusión tisular.
Desde la aparición del catéter de arteria pulmonar hasta el desarrollo reciente de tecnologías
mínimamente invasivas, la monitorización hemodinámica se ha rodeado de interrogantes en
cuanto a su utilidad y su impacto final sobre el pronóstico de nuestros pacientes. El Grupo de
Trabajo de Cuidados Intensivos Cardiológicos y RCP (GTCIC y RCP) de la SEMICYUC ha impulsado
recientemente la realización de la serie de «Puesta al día en monitorización hemodinámica» y
ha querido además desarrollar unas recomendaciones que pretenden analizar cuestiones fundamentales en la valoración cardiovascular del paciente crítico, con la intención final de ser
una herramienta útil para residentes, intensivistas y otros profesionales que afrontan el manejo
diario de estos pacientes
Las recomendaciones están dirigidas a los pacientes con
hipoperfusión sistémica con independencia de las diferentes
etiologías. Estas medidas son paralelas a las actuaciones específicas de cada patología (p. ej., drenaje del
foco séptico, apertura del vaso coronario, fibrinólisis
del tromboembolismo pulmonar). Las recomendaciones
están dirigidas a todos los intensivistas, los residentes en
formación y otros profesionales que sean responsables de la
atención de pacientes críticos en su práctica diaria
¿Cuáles son los objetivos de la
reanimación hemodinámica?
Un primer paso obligado en la evaluación inicial del paciente
crítico es determinar la idoneidad del estado de perfusión de los tejidos. La presencia y/o persistencia de disoxia
celular va a ser un factor fundamental en el desarrollo de
lesiones orgánicas, fracaso multiorgánico y, eventualmente,
la muerte del individuo. Lo que habitualmente conocemos como inestabilidad hemodinámica suele referirse a
la presencia de signos clínicos sugestivos de hipoperfusión
(alteración del sensorio, pobre relleno capilar, etc.), y, sobre
todo, a la presencia de hipotensión arterial. Ahora bien, en
los últimos anos ˜ la evidencia de que la presencia de hipoperfusión aun en ausencia de hipotensión y/o de estos signos
clínicos, a lo que se denomina shock oculto o compensado,
se asocia también a cifras significativamente elevadas de
morbimortalidad7 ha llevado a un mayor esfuerzo por detectar dichas situaciones de hipoperfusión.
En el paciente crítico, hablaremos de shock, o insuficiencia cardiovascular, cuando tengamos evidencia de
hipoperfusión tisular. La incapacidad para mantener la adecuada perfusión de los tejidos va a provocar un incremento
en la extracción de oxígeno a nivel microcirculatorio, así
como el inicio de las vías anaerobias a fin de mantener la respiración celular. Así, en nuestra práctica clínica,
hablaremos de situación de shock cuando detectemos una
disminución de las saturaciones venosas de oxígeno y/o una
elevación del lactato sérico, más allá de la presencia o no
de hipotensión arteria
Presión arterial
Utilizaremos la presión arterial media (PAM) como estimación de la presión de perfusión de los tejidos. Puesto que,
a nivel fisiológico, la vasculatura pierde su capacidad de
autorregulación a partir de valores de PAM inferiores a 60-
65 mmHg, la mayoría de los trabajos han propuesto un valor
objetivo de PAM de 65 mmHg. En pacientes sépticos, por
ejemplo, un nivel de corte de PAM de 65 mmHg durante
las primeras 48 h de ingreso demostró ser el que mejor
discriminaba a los supervivientes y no-supervivientes9
. Además, la consecución de niveles más elevados de PAM no
ha mostrado superioridad en resultados
Se contemplan 2 situaciones especiales en cuanto al
manejo de la PAM en la patología crítica aguda: (a) en
las situaciones de hemorragia incontrolable en pacientes traumáticos, y (b) en los pacientes con traumatismo
craneoencefálico grave sin hemorragia sistémica11
. En la primera situación, se recomienda mantener niveles de PAM de
40 mmHg hasta el control quirúrgico de la hemorragia. En
cuanto a las situaciones de traumatismo craneoencefálico
grave en las que exista deterioro neurológico y no tengamos
evidencia de hemorragia sistémica, dado que desconocemos
la presión de perfusión cerebral, se recomienda mantener
niveles de PAM de 90 mmHg. Una vez monitorizada la presión intracraneal, ajustaremos el nivel de PAM con el fin de
asegurar la perfusión cerebral
Variables de transporte de oxígeno
Además de asegurar la correcta presión de perfusión del
tejido, deberemos adecuar el DO2 a las necesidades metabólicas. Para ello, perseguiremos incrementar el DO2. Aunque
la reanimación hemodinámica se basa principalmente
en la optimización de las variables de flujo (asegurando el
contenido arterial de O2), como norma general, no perseguiremos unos valores predeterminados, sino más bien una
adecuación de estas variables hasta llegar a la normalización de los parámetros que nos reflejan el equilibrio global
de aporte-consumo de oxígeno. Así, descartada o corregida
la hipoxemia arterial, no parece lógico pretender unos valores concretos de DO2, gasto cardíaco (GC) o hemoglobina,
sino más bien su adecuación en función del estado global de
oxigenación tisular.
Merece especial mención la reanimación de pacientes
de alto riesgo quirúrgico. En esta población de pacientes existe evidencia suficiente para recomendar el uso de
ciertos niveles de DO2 (> 600 ml O2/min/m2
) como objetivo en la optimización hemodinámica tanto pre, como intra
o postoperatoria13
. Sin embargo, parece razonable afirmar
que el uso de variables que nos informen del equilibrio
entre DO2 y VO2 debería ofrecer ventajas sobre las variables
de DO2 aisladas, para evitar tanto la infra como la suprarresucitación, con los problemas que cada una conlleva.
Saturaciones venosas de oxígeno
La saturación venosa mixta de oxígeno (SvO2), obtenida en la
arteria pulmonar, probablemente representa el mejor indicador de la adecuación del DO2. En diversas situaciones de
patología crítica, la saturación venosa central de oxígeno
(SvcO2), obtenida en la aurícula derecha, ha demostrado
una buena correlación con la SvO2 (aunque sobreestima
en torno al 5%),
La reducción del GC y/o el aumento de
las necesidades metabólicas se traducirán en un incremento compensador en la extracción de oxígeno, con el
consiguiente descenso de las saturaciones venosas. Este
descenso será precoz, pudiendo preceder incluso a la elevación del lactato sérico. La incorporación de las saturaciones
venosas como objetivo metabólico final del proceso de
reanimación ha demostrado su impacto beneficioso en el
pronóstico de diferentes poblaciones de pacientes críticos15
.
Sin embargo, en determinadas situaciones de shock distributivo, la presencia de SvcO2 elevadas también se ha asociado
a mayor mortalidad16
. Este fenómeno vendría determinado
por diferentes mecanismos, como fenómenos de shunt, flujo
heterogéneo, o alteraciones en la extracción de oxígeno.
Por tanto, es fundamental conocer las limitaciones de esta
variable y, en el contexto clínico adecuado, disponer de
otros parámetros que nos informen sobre el estado de perfusión tisular del individuo
Lactato
En general, la elevación en la concentración de lactato en
sangre indica la presencia de hipoxia tisular y metabolismo
anaerobio. La magnitud de esta elevación en los niveles de
lactato se ha correlacionado directamente con el pronóstico del paciente con patología crítica aguda17
. En cuanto a
su utilidad en la guía del proceso de reanimación, la monitorización del aclaramiento del lactato en respuesta a las
intervenciones terapéuticas no se ha mostrado inferior a la
resucitación guiada por SvcO2
18
.
En situaciones de hipoxia tisular, además de la formación
de lactato, se producirá también una elevación de aniones secundarios a la anaerobiosis, así como un defecto en
el lavado de CO2 del organismo. Así, la determinación del
exceso de base estándar y de la diferencia arteriovenosa
de CO2 −P(v-a)CO2− puede ser de ayuda en la evaluación
del estado global de oxigenación de los tejidos. Aunque la
alteración en los valores iniciales de exceso de base estándar ha mostrado un valor pronóstico similar al del lactato,
su evolución en el tiempo se ve afectada por múltiples
factores diferentes a la hipoxia celular, por lo que no se
recomienda su uso como parámetro independiente en la
guía de la reanimación19
. En cuanto a la P(v-a)CO2 (ya sea
central o mixta), diferentes trabajos han correlacionado
inversamente su valor a los valores de índice cardíaco. Niveles de P(v-a)CO2 > 6 mmHg han demostrado ser útiles en la
detección de hipoperfusión persistente a pesar de la normalización de la SvcO2
20
, aunque su incorporación a algoritmos
de resucitación todavía no se ha testado.
Monitorización hemodinámica
básica inicial.
La monitorización hemodinámica pretende ser el soporte y
la guía de todo el proceso de optimización del aporte de O2 a
los tejidos, basándose en la premisa de que la detección, el
conocimiento y la comprensión de las alteraciones fisiopatológicas de los procesos de la enfermedad crítica deberían
traducirse en un mejor tratamiento y una mayor recuperación del paciente. Es importante incidir en que ningún
sistema de monitorización hemodinámica puede mejorar el
pronóstico por sí mismo. Las condiciones que deben cumplirse para que se obtenga un beneficio clínico son: 1) los
datos obtenidos del sistema de monitorización deben ser lo
suficientemente exactos para ser capaces de influir en la
toma de decisiones terapéuticas, 2) los datos deben ser clínicamente relevantes para el paciente, y 3) el tratamiento
instaurado, guiado por la interpretación de los datos obtenidos, debe repercutir favorablemente en el pronóstico del
paciente.
Cabe puntualizar que, en el proceso de monitorización
hemodinámica, podemos obtener variables de 2 categorías
fundamentales: (a) las que podrán definirse como objetivos
del proceso de reanimación y (b) las que consideraremos
herramientas de evaluación hemodinámica, potencialmente
útiles en la toma de decisiones. Las primeras serían las ya
mencionadas previamente en estas recomendaciones, como
la PAM, el lactato y las saturaciones venosas de oxígeno8
.
Ejemplo de las segundas serían todas las variables que
exploran la dependencia de precarga, como la VPP y la
VVS, y que también se analizan con mayor detalle en estas
recomendaciones40
. La combinación de estos 2 tipos de
variables nos permite crear algoritmos o sistematizar la
actuación en el proceso de reanimación hemodinámica, con
la intención final de obtener una mayor y más rápida recuperación, como demostró Rivers en su protocolo de EGDT15
.
Finalmente, tal y como ocurre con todos los algoritmos, la
buena comprensión de las bases fisiopatológicas que lo sustentan, así como las limitaciones e inconvenientes de las
variables usadas, permitirá al clínico un mejor manejo del
proceso de reanimación hemodinámica
Monitorización básica inicial
La atención inicial al paciente en situación de shock comprende una anamnesis y una exploración física adecuadas junto con la monitorización electrocardiográfica (frecuencia cardíaca y ECG) y pulsioximétrica (SpO2), no solo para
orientar la posibilidad de existencia de la situación de insuficiencia cardiovascular, sino como complementos necesarios
en el diagnóstico del cuadro clínico.
En cuanto a la monitorización hemodinámica básica inicial de un paciente con patología aguda potencialmente
crítica, esta vendrá determinada por la propia definición
de shock8
. Así pues, será fundamental la medición de
la PA y de, al menos, una variable que nos informe del
estado de oxigenación global de los tejidos, como el láctico
sérico o la SvcO2. La importancia de la monitorización de la
PAM como indicador de la presión de perfusión de los tejidos ya se ha debatido ampliamente con anterioridad en otro
apartado. Diversos trabajos han demostrado que el tiempo
de hipotensión en las primeras horas de shock tiene un
efecto acumulativo en el desarrollo de fracasos orgánicos9
,
lo que argumentaría la necesidad de una medición frecuente
y precisa de la PA. Paralelamente, la medición de la PA
mediante sistemas no invasivos pierde precisión en las situaciones de shock. Así pues, parecería razonable abogar por la
medición invasiva y continua de la PA en el paciente crítico.
De todas formas, la monitorización de la PA podría ser no
invasiva en fases iniciales durante su estancia en planta de
hospitalización o en urgencias.
Monitorización hemodinámica continua
Generalmente, un manejo inicial adecuado basado en
los datos obtenidos de la historia clínica, la exploración
física y de una monitorización básica podría ser suficiente para la obtención de un desenlace favorable. Sin
embargo, en algunos pacientes, a pesar de una resucitación inicial adecuada, podría producirse una situación de
shock persistente o aparecer nuevas complicaciones relacionadas con el proceso inicial o con las intervenciones
terapéuticas adoptadas. Como ya se había mencionado
previamente en el apartado de estimación del GC, en
aquellos pacientes con insuficiente respuesta a las medidas aplicadas durante las primeras 3-6 h o en pacientes
con fracasos orgánicos y/o comorbilidades susceptibles de
interferir o empeorar durante la reanimación en los cuales
podríamos precisar un mayor conocimiento de la fisiopatología del proceso, nos plantearemos un mayor grado de
monitorización hemodinámica continua que nos permita
optimizar nuestras intervenciones, cuantificar sus efectos y evitar complicaciones derivadas de los tratamientos
aplicados .
La monitorización hemodinámica continua debería
proporcionarnos información acerca del GC y sus determinantes: precarga/dependencia de precarga, contractilidad
y poscarga. Así pues, junto a la monitorización de las variables objetivo, ya sean la PAM y saturaciones venosas de
O2 y/o el aclaramiento de lactato, un proceso de reanimación intensivo requerirá de las tecnologías que permitan
evaluar de forma continua estos parámetros para conseguir
su correcta adecuación. La monitorización de las variables
objetivo seguirá siendo fundamental, puesto que son las que
marcarán el final del proceso de reanimación. Será necesaria
la medición de estas variables de forma repetida, después
de las intervenciones terapéuticas, hasta su normalización
mantenida en el tiempo.
Además de factores propios del paciente, en el momento
de escoger qué sistema de monitorización vamos a utilizar,
deberemos tener en cuenta otros factores, como son las
tecnologías disponibles en nuestro centro, la experiencia
del equipo con cada sistema, el lugar donde se va a llevar a cabo la monitorización y el proceso de reanimación
(urgencias, UCI, quirófano, etc.) así como el costeefectividad. El sistema de monitorización hemodinámica
ideal debería ser simple, seguro, relativamente versátil,
fácil de usar, operador-independiente, coste-efectivo, fiable, preciso y debería proporcionar variables relevantes que
nos aporten información capaz de dirigir la terapia21,22
. En
la actualidad, ningún sistema disponible cumple todas estas
condiciones
Algoritmo de evaluación de la función cardiovascular y monitorización hemodinámica en las situaciones de shock.
CAP: catéter de arteria pulmonar; ECG: electrocardiograma; FR: frecuencia respiratoria; PA: presión arterial; PAM: presión arterial
media; PNI: presión no invasiva; PVC: presión venosa central; SvcO2: saturación venosa central de oxígeno; VPP: variación de presión
de pulso


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